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Lançados no Chile "Cuadernos de Temuco", com 130
poemas inéditos do Nobel de literatura.
Manuel Delano
Os
legendários Cuadernos de Temuco, os poemas que
Pablo Neruda escreveu quando era adolescente,
entre 1918 e 1920, e que ele mesmo organizou
mais tarde para publicação, completaram 76 anos
antes que viessem à luz em uma edição da Editora
Planeta. O volume contém 170 poemas, 130 dos
quais são inéditos.
O livro, lançado na última quinta-feira sob o
parreiral generoso de La Chascona - a casa de
Neruda em Santiago, destruída pelos militares
golpistas em 1973 e agora restaurada e
convertida em museu pela fundação que leva o
nome do escritor - , permite interpretar as
chaves de quem, aos 19 anos, escreveu Vinte
Poemas de Amor e uma Canção Desesperada, um dos
livros de poesia mais editados no mundo. Neruda
aproveitou cinco poemas dos cadernos em
Crepusculario.
A publicação repara uma injustiça contra a qual
o Prêmio Nobel, que tinha uma premonição -
"depois que eu morrer, vão publicar até minhas
meias" - , provavelmente teria se rebelado.
Neruda, que havia transcrito, corrigido e
organizado os poemas em ordem cronológica, como
em um diário, em lugar de publicá-los, deu-os à
irmã, Laura.
Ela, em 1980, pouco antes de morrer,
presenteou-os a Rafael Aguayo, filho de um irmão
de seu marido. Aguayo vendeu-os a um
colecionador, que os levou a leilão na Sotheby's
de Londres, onde perdeu-se a pista deles. Aguayo
não entregou cópia à viúva do poeta, Matilde
Urrutia, Os e ela se negou a comprá-la,
argumentando que lhe pertencia.
Os manuscritos, três cadernos, foram dados como
perdidos até que, dois anos atrás, durante a
reforma da casa de um familiar de Neruda, na
cidade de Temuco, apareceu uma cópia xerox cuja
autenticidade foi confirmada.
A edição, com prólogo e organização do Chileno
Victor Farias, professor da Universidade Livre
de Berlim e autor de Heidegger e o Nazismo,
reúne de forma escrupulosa os 170 poemas que
Neruda escreveu entre os 14 e os 16 anos.
Respeita a estrutura e a ordem que o poeta lhes
deu e até mesmo os erros ortográficos cometidos
pelo adolescente.
A coletânea é aberta com o poema Mansedumbre e
se encerra com Dia Miercoles, escrito pouco
antes de Neftali Reyes escolher o pseudônimo de
Pablo Neruda, com o qual se tornaria conhecido e
morreria, em 1973.
Farias sustenta no prólogo que o paradoxo destas
página inaugurais de Neruda é que "não alcançam
a altura das posteriores, apenas porque são sua
condição necessária". Acrescenta que "obviamente
impressiona vê-lo respeitar as regras métricas
fundamentais, jogar certeiramente com a rima,
encontrar títulos notáveis para poemas que não o
são tanto.
Os versos são frescos, cândidos, alguns eróticos
e muitos estão impregnados de fagulha de talento
lírico. Amadurece no jovem a consciência
pessoal.
Ele afirma:
"Soy una esponja, aunque nadie me ha estrujado,
y soy un vino, nadie me ha bebido"
(Sou uma esponja, embora ninguém me tenha
espremido e sou um vinho, ninguém me bebeu).
Porém mais tarde contará:
"Como un surco en descanso senti tu cuerpo
abrirse, por recibir la ofrenda maxima de mi
ser" (Como um sulco em descanso senti teu corpo
se abrir, para receber a oferenda máxima do meu
ser).
Proclama:
"Yo que no he sido brasa para el brasero santo,
habre de ser un mundo de carne silenciosa" (Eu
que não fui brasa para o braseiro santo, haverei
de ser um mundo de carne silenciosa).
Diz ser:
"Un muchacho que apenas tiene quince anos, que
hace versos punzado por la amargura, que saboreo
las sales del desengãno, cuando muchos conocen
risa y ternura" (Um rapaz que tem apenas quinze
anos, que faz versos ferido pela amargura, que
saboreio os sais do desengano, quando muitos
conhecem risos e ternura).
Embora muitos poemas tenham sido escritos em
primeira pessoa, nada aparece do contexto
daqueles dias em que o mundo se debatia na I
Guerra Mundial nem tampouco do Chile dos anos
20, mergulhado em profundas diferenças sociais.
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NERUDA
20 POEMAS DE AMOR E UMA CANÇÃO DESESPERADA
POEMA I
Cuerpo de Mujer
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
Y hace soltar el hijo del fondo de la tierra
Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,
Y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en
mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y
firme.
¡Ah, los vasos del pecho! ah, los ojos de
ausencia!
¡Ah, las rosas del pubis ¡Ah, tu voz lenta y
triste!
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
¡Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino
indeciso¡
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.
Poema II
Ah! Vastedad De Pinos!
¡Ah! vastedad de pinos, rumor de olas
quebrándose,
lento juego de luces, campana solitaria,
crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,
caracola terrestre, ¡en ti la tierra canta¡
En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
y soltará en delirio mi bandada de flechas.
En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia unida.
¡Ah! tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y muriendo!
Así, en horas profundas sobre los campos he
visto
doblarse las espigas en la boca del viento.
Poema III
Para Que Tú Me Oigas!
Para que tú me oigas, mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú me oigas como, quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejos
súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
Poema IV
Inclinado En Las Tardes
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceánicos.
Allí se estira y arde en la más alta hoguera
mi soledad, que da vueltas los brazos como un
náufrago.
Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes
que olean como el mar a la orilla de un faro.
Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,
de tu mirada emerge a veces la costa del
espanto.
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.
Los pájaros nocturnos picotean los primeras
estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo.
Galopa la noche en su yegua sombría
desparramando espigas azules sobre el campo.
Poema V
Ebrio De Trementina
Ebrio de trementina y largos besos,
estival, el velero de las rosas dirijo,
torcido hacia la muerte del delgado día,
cimentado en el sólido frenesí marino.
Pálido y amarrado a mi agua devorante
cruzo en el agrio olor del clima descubierto,
aún vestido de gris y sonidos amargos,
y una cimera triste de abandonada espuma.
Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única,
lunar, solar, ardiente y frío, repentino,
dormido en la garganta de las afortunadas
islas blancas y dulces como caderas frescas.
Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos
locamente cargado de eléctricas gestiones,
de modo heroico dividido en sueños
y embriagadoras rosas practicándose en mi.
Aguas arriba, en medio de las olas externas,
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos
como un pez infinitamente pegado a mi alma,
rápido y lento en la energía subceleste.
Poema VI
Casi Fuera Del Cielo!
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas
la mitad de la luna.
Girante, errante noche, la cavadora de ojos.
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.
Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye.
Fragua de metales azules, noches de las calladas
luchas,
mi corazón da vueltas como un volante loco.
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo.
Quejumbre, tempestad, remolino de furia,
cruza encima de mi corazón, sin detenerte.
Viento de los sepulcros acarrea, destroza,
dispersa tu raíz soñolienta.
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de
ella.
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga.
Era la que iba formando el viento con hojas
iluminadas.
Detrás de las montañas nocturnas blanco lirio de
incendio,
¡ah, nada puedo decir! Era hecha de todas las
cosas.
Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,
es hora de seguir otro camino, donde ella no
sonría.
Tempestad que enterró las campanas, turbio
revuelo de tormentas
¿para qué tocarla ahora?, ¿para qué
entristecería?
¡Ay seguir el camino que se aleja de todo,
donde no esté atajando la angustia, la muerte,
el invierno,
con sus ojos abiertos entre el rocío!
Poema VII
He Ido Marcando
He ido marcando con cruces de fuego
el atlas blanco de tu cuerpo.
Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose.
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta.
Historias que contarte a la orilla del
crepúsculo,
muñeca triste y dulce, para que no estuvieras
triste.
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre.
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal.
Yo que viví en un puerto desde donde fe amaba.
La soledad cruzada de sueño y de silencio.
Acorralado entre el mar y la tristeza. ,
Callado delirante, entre dos gondoleros
inmóviles.
Entre los labios y la voz, algo se va muriendo.
Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de
olvido.
Así como las redes no retienen el agua.
Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando.
Sin embargo, algo canta entre estas palabras
fugaces.
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca.
¡Oh poder celebrarte con todos las palabras de
alegría!
Contar, arder, huir, como un campanario en
los manos de un loco.
Triste ternura mía, ¿ que te haces de repente?
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío
mi corazón se cierra como una flor nocturna.
Poema VIII
Me Gustas Cuando Callas
Me gustas cuando callas porque estás como
ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y
sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como
ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Poema IX
Pensando, Enredando Sombras
Pensando, enredando sombras en la profunda
soledad.
Tú también estás lejos, ¡ah! más lejos que nadie.
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo
imágenes,
enterrando lámparas.
Campanario de brumas, ¡qué lejos, allá arriba¡
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías,
molinero taciturno,
se te viene de bruces la noche, lejos de la
ciudad.
Tu presencia es ajena, extraña a mí como una
cosa.
Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti.
Mí vida antes de nadie, mi áspera vida.
El grito frente al mar, entre las piedras,
corriendo libre,, loco, en el vaho del mar.
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.
Tú mujer, ¿qué eras allí, qué rayo, qué varilla
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
¡Incendio en el bosque' Arde en cruces azules.
Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz.
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.
Y mi alma baila herida de virutas de fuego...
¿Quién llama? ¿Qué silencio poblado de ecos?
Hora de la nostalgia, hora de la alegría,
hora de la soledad,
¡hora mía entre todas!
Bocina en que el viento pasa cantando.
Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo.
Sacudida de todas las raíces,
¡asalto de todas las olas!
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.
Pensando, enterrando lámparas en la profunda
soledad.
¿Quién eres tú, quién eres?
Poema X
Niña Morena Y Ágil
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las
algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las
hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena, dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
Poema XI
En Su LLama Mortal
En su llama mortal la luz te envuelve.
Absorta, pálida doliente, así situada
contra las viejas hélices del crepúsculo
que en torno a ti da vueltas.
Muda, mi amiga,
sola en lo solitario de esta hora de muertes
y lleno de las vidas del fuego,
pura heredera del día destruido.
Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche las grandes raíces
crecen de súbito desde tu alma,
y a lo exterior regresan las cosas en ti
ocultas,
de modo que un pueblo, pálido y azul
de ti recién nacido, se alimenta.
¡O! grandiosa y fecunda y magnética esclava
del círculo que en negro y dorado sucede.
erguida, trata y logra una creación tan viva
que sucumben sus flores, y llena es de
tristeza.
Poema XII
Es La Mañana LLena De Tempestad
Es la mañana llena de tempestad
en el corazón del verano.
Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
el viento las sacude con sus viajeros manos.
Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio enamorado.
Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,
como una lengua llena de guerras y de cantos.
Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
y desvía las flechas latientes de los pájaros.
Viento que la derriba en ola sin espuma
y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.
Se rompe y se sumerge su volumen de besos
combatido en la puerta de viento del verano
Poema XIII
Te Recuerdo Como Eras
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi ser ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de Pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
¡Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en
calma!
Más alla de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma
Poemas XIV
Abeja Blanca
Abeja blanca zumbas -ebria de miel-, en mi alma
y te tuerces en lentos espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres la última rosa.
¡Ah silenciosa!
Cierta tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
¡Ah!, desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una
mariposa de sombra.
¡Ah silenciosa!
He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos., las
hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
¡Ah silenciosa!
Poema XV
Hemos Perdido Aun Este Crepúsculo
Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas,
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que ,tú me conoces.
¿Entonces, dónde estabas?
¿Entre qué gentes?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el
crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando
estatuas.
Poema XVI
Para Mi Corazón Basta Tu Pecho
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas corno el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.
Poema XVII
Juegas Todos Los Dias
Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
¿Quién escribe tu nombre con letras de humo
entre las estrellas del sur?
¡Ah, déjame recordarte cómo eras entonces,
cuando aún no existías!
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana
cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los
hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas los barcas que anoche
amarraron al cielo.
Tú estas aquí. ¡Ah!, tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo algunavez corrió una sombra
extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes
madreselvas.
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando
mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de
ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,...
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos
ahuyentan.
Hemos, visto arder tantas veces el lucero
besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas
destorcerse los
crepúsculos en abanicos gigantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueño del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres,
copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Poema XVIII
En Mi Cielo
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
¡oh, segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amormío.
y mis redes de música son anchos como elcielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos deluto.
En tus ojos de luto comienzo el país delsueño.
Me gustas cuando callas porque estás comoausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Poema XIX
Aquí Te Amo
Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas, estrellas.
0 la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aun entra estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la
tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llena y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de
alambre.
Poema XX
Puedo Ecribir Los Versos
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he
perdido,
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo
lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los
mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la
quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta, la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me
causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le
escribo.
PABLO NERUDA
LA CANCIÓN DESESPERADA
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de
náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue
naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue
naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el
milagro.
Ah mujer, no sé como pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus
brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus
tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos
trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en
corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo.
Ah más allá de todo.
Es la hora de partir.
Oh abandonado!
Pablo Neruda
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XX POEMAS DE NERUDA
WWW.FUT.ES/~ELEBRO/POE/NERUDA/NERUDA27.HTML
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Iracema Zanetti |